Lo que escondía Reficar

    jueves, 17 de agosto de 2017
    Por: La Nota Económica


    Las más recientes cifras del desempeño industrial del país son preocupantes. En lo corrido de este año a junio, la producción real del sector cayó 1,5%. Lo más preocupante es que, si a ese resultado se le sustrae la refinación de petróleo, esa variación llega a-3%. Atrás quedaron los resultados positivos que se tuvieron en 2016.

    Como se advirtió en su momento,el crecimiento de la industria estaba fundamentado en la actividad de Reficar,lo que permitió alcanzar crecimientos de dos dígitos en la refinación. Desde noviembre de 2015 hasta octubre de 2016, las variaciones anuales de esta actividad industrial oscilaron entre 12,2% y 37%. Con esto, era apenas natural que la industria como un todo se encontrara en terreno positivo.

    Infortunadamente, desde finales del año pasado, la refinación de petróleo redujo su dinámica y el panorama industrial empezó a ensombrecerse. Este era el efecto al cual se referían múltiples voces al indicar que, tarde o temprano –más por el efecto estadístico de estar comparándose con el extraordinario periodo de crecimiento de finales de 2015 que por una menor producción del sector–, la actividad petrolera regresaría a tasas de crecimiento de un dígito y dejaría al descubierto la realidad del aparato productivo del país.

    Así, al haberse diluido la cortina de humo petrolera que cubría a la industria, ahora queda en evidencia la debilidad de numerosas actividades que en los últimos meses pasaron desapercibidas. En el primer semestre de este año, las principales actividades que se redujeron y que más aportaron a la caída de la industria fueron: elaboración de bebidas (-7,7%), confección de prendas de vestir (-9,7%) y fabricación de vehículos automotores (-19%).

    Sin embargo, otras 25 actividades industriales también acumularon caídas en el primer semestre del año. Es por esto que ahora vuelven a tomar fuerza las voces de las agremiaciones y empresarios, que abogan por alivios tributarios y políticas de fomento industrial.A este respecto, en la búsqueda de la reactivación industrial, el Gobierno ha respondido con incentivos para las importaciones de bienes de capital.

    Aun así, los industriales sostienen que las tasas efectivas de tributación –que, según ellos, pueden estar bordeando el 70%– son la principal causa de los malos resultados. Además, a esto hay que sumarle el aumento del IVA, lo que ha perjudicado las ventas y menguado, aún más, la producción del sector. Con esto, no son extraños los datos de la ANDI, que muestran que la confianza industrial se ha reducido, la utilización de la capacidad instalada está por debajo de su promedio histórico y los inventarios están en ascenso.

    Y la mala noticia es que poca es la esperanza de una recuperación rápida de la mayoría de actividades manufactureras. Aún no hay suficiente dinamismo en el consumo de los hogares ni en los sectores como el de la construcción y del transporte, cuyos movimientos incentivan el sector industrial. El único paliativo es que se espera que hacia finales del año el consumo de los hogares inicie su recuperación y que se ponga en marcha la construcción de obras civiles, lo que aliviará parte de la mala situación de la industria.

    No obstante, el problema es de carácter estructural. Si no se integran políticas serias que promuevan la competitividad del sector –lo que implicaría, en algunos casos, prescindir de aquellas actividades manufactureras que no den la talla– y los industriales no se pellizcan para salir del atolladero, la industria colombiana nunca despegará. Tanto los empresarios como el Gobierno deben dejar de escudarse en la actividad petrolera.

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